El cementerio de las mascotas
Las mascotas de videojuegos son aquellos personajes que actúan como representantes de la compañía a la que pertenecen y tienen la función de ser su imagen y carta de presentación en diversos títulos y merchandising. La mayoría nacieron como protagonistas de juegos plataformeros a lo largo de los años 90, intentando imitar el camino ya andado por Mario y Sonic, aunque naturalmente hay excepciones.
A lo largo de la historia han surgido muchas mascotas y todas se querían comer el mundo; pero las plazas en el Olimpo estaban contadas. Repudiadas por el público, fueron condenadas al olvido y lanzadas a las catacumbas por sus propios creadores. El mundo de la publicidad es tan cruel como Hollywood, y no hay sitio para perdedores.
Así pues, adentrémonos en el cementerio de los personajes videojueguiles y visitemos las tumbas de las mascotas menos carismáticas que pasaron de moda, y también de aquellas que, a pesar de gozar de éxito han sido inexplicablemente enterradas vivas.








Popeye el Marino, el popular personaje de tiras cómicas y dibujos animados, tuvo dos apariciones en la consola 8 bit de Nintendo que resultan de lo más curioso: una fue clon de Donkey Kong lanzado sólo un año después del famoso juego de Miyamoto (con una historia sorprendente y que muchos no conocen que podéis leer después del salto); la otra, una propuesta de una línea educativa que tenía por objeto que los niños japoneses aprendieran el inglés.
























