
Cuando Super Nintendo salió a la venta a principios de los 90, supuso un paso adelante en lo que a gráficos se refiere, pues aunque contaba con 16 bits, al igual que la Megadrive, y su potencial sobre el papel no era tan diferente, estaba dotada de más sistemas de procesamiento que le darían ventaja y le permitirían mostrar efectos gráficos inigualables en la época.
Resulta curioso que aunque Megadrive salió dos años antes que Super Nintendo, contaba con una CPU más rápida. Sin embargo, la consola de Nintendo superó esta menor potencia en el procesador central gracias a los procesadores de apoyo, que incluían ocho modos gráficos, numerados del 0 al 7. El más famoso de estos sistemas de procesamiento gráfico sería el último, conocido como Modo 7, y que permitía que una textura plana fuese rotada o escalada para conseguir un efecto de profundidad en una perspectiva bidimensional.
Gracias a este sistema gráfico, del que se aprovecharon numerosísimos juegos, se pudo lograr no sólo una importante espectacularidad gráfica, sino también mejorar la experiencia de juego, ya que la posibilidad de mostrar una perspectiva tan amplia ofrecía nuevas posibilidades, especialmente en los juegos de velocidad, que dieron un notable salto cualitativo respecto a sus competidores de Megadrive o incluso de los salones recreativos. Pero no sólo en juegos de conducción se le sacó un enorme partido, y cartuchos de los más variados géneros aprovecharon sus virtudes para sorprender a los jugadores de la época.
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