Konami: El océano de las pequeñas olas

Konami, la compañía de la pequeña ola, fue una de las más fructíferas desarrolladoras de ocio electrónico allá por la década de los 90, creando nuevas franquicias y desarrollando nuevos capítulos de sus sagas más populares.
Tras el salto, viajaréis con nosotros para revivir el legado de Konami en las consolas de 16 bits.
La compañía japonesa continuó creando software tras la era 8 bits, época dorada que vio nacer a Metal Gear, Castlevania o Gradius. Entre 1990 y 1995 fuimos testigos de una de sus épocas más productivas, principalmente en Super NES, aunque la 16 bits de Sega también consiguió su ración de pequeñas olas.

La saga Castlevania continuó con paso firme tras sus tres entregas en NES y otros sistemas. Super Castlevania IV, en 1991, fue la primera entrega con la que disfrutamos, realizada por el equipo de programadores que posteriormente fundó Treasure. Gráficamente digno, siempre recordaremos los novedosos efectos en modo 7, con esa habitación que rotaba mientras intentábamos no morir, colgados de una argolla gracias a nuestro látigo. Jugablemente seguía la estela del primer Castlevania (podríamos decir ique es un remake de éste, de hecho, en Japón, su nombre es Akumajō Dracula, igual que el primer juego de la saga). Mención de honor para la impresionante música, salida del genio de Souji Taro y Masanori Adachi e interpretada por el maravilloso chip de sonido de la SNES.
Cuatro años más tarde, en 1995, Konami decidió adaptar, de una forma bastante libre, el inmortal Dracula X: Rondo of Blood, creando Castlevania: Vampire’s Kiss (Dracula XX en Japón). Gráficamente imponente, siempre nos quedará para el recuerdo su estúpida dificultad, en especial la lucha contra Drácula, de un mal gusto extremo. Personalmente es un juego al que no le tengo ningún aprecio. A su favor, decir que heredó varias de las características que hicieron grande a la entrega para la máquina de NEC, como la elección de camino o muchas de sus melodías.
Mega Drive recibió también su dosis vampírica. Castlevania: Bloodlines narra las aventuras de dos aventureros sin relación aparente con la familia Belmont, John Morris y Eric Lecarde (segoviano, contra todo pronóstico), compartiendo escenarios, pero con ligeras diferencias debido a las distintas habilidades de los dos personajes. A destacar el gran aprovechamiento del hardware de Mega Drive, con rotaciones, escalados y transparencias, demostrando el buen hacer de la compañía nipona.

Una de las mas gratas sorpresas del momento vino de la mano de Axelay, un matamarcianos de imponente factura técnica, combinando fases de desarrollo vertical con un ingenioso efecto en modo 7 y otras de corte horizontal. Enormes jefes finales, excelente música y voces, este juego nos recuerda que muchos grandes nombres se quedaron en la noche de los tiempos, esperando que alguien los vuelva a rescatar del olvido.

Un producto típicamente nipón, The Legend of the Mystical Ninja narra las aventuras de Goemon y su fiel compañero Ebisumaru, en un trepidante arcade para dos jugadores. Por desgracia, la primera parte fue la única que abandonó el imperio del Sol Naciente, quedándose sus secuelas (Gambare Goemon 2, 3 y 4) en el lejano Japón. No fue hasta la llegada de Nintendo 64 cuando los europeos pudimos volver a disfrutar de las locas peripecias de Goemon.

Llamémosle Contra. O Probotector. O Gryzor, qué más dá. El caso es que en el olímpico 1992 Contra III, The Alien Wars (Super Probotector en la vieja Europa) visitó la consola de Nintendo en forma de retante arcade para uno o dos jugadores. Estética futurista, dificultad y espectáculo se dan la mano en otro de los primeros títulos que disfrutamos en nuestra vieja SNES.
Mega Drive contó también con su propia versión de la franquicia. Para muchos, el mejor juego de la saga, Contra: Hard Corps es un verdadero tour de force gráfico y sonoro para la negra de Sega, con un constante devenir de balas, rotaciones y demás efectos gráficos. Multitud de fases, caminos alternativos, incluso alguna sorpresa para los curiosos, dan forma a una de las últimas entregas de la saga desarrolladas in-house.

El inmortal matamarcianos de Konami vuelve a los circuitos de nuestra SNES. La tercera entrega, Gradius III, tuvo el honor de ser el primer juego de Konami para la segunda generación de sobremesa de Nintendo. Junto a él, spin-offs como Parodius (aunque desde una óptica mucho más humorística, claro está) demostraron que el género de las navecitas todavía daba mucho de qué hablar. Options, ripple, laser, missile son palabras con mucho sentido en esos momentos y que, tristemente, hoy han caído en el olvido.

Los jóvenes dibujos animados de la Warner contaron también con dos maravillosos juegos de plataformas. El primero, Tiny Toon Adventures: Buster Busts Loose, narró en Super NES las alocadas aventuras de Buster Bunny por los más diversos parajes, parodias de famosas películas. La Universidad, el lejano Oeste o un glorioso capítulo final en forma de homenaje a Star Wars daban vida a uno de los más simpáticos plataformas de la época.
Mega Drive recibió a Tiny Toon Adventures: Buster’s Hidden Treasure, aunque el juego era totalmente distinto. Más largo y con muchas más fases, pero con muchísima menos personalidad y garra, conformando un plataformas de corte mucho más clásico

No hay mucho de qué hablar. El inicio de un mito. La eterna lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el Fifa y el International Superstars Soccer comenzó en esta época. Debido a la total ignorancia que el escritor de este artículo manifiesta públicamente sobre los juegos de fútbol y sus derivados, no encontraréis mucha información útil en este párrafo. Recomendamos, pues, pasar al siguiente punto y disculpar el desconocimiento del autor en la materia.

Dejamos para el final una de las más fuertes apuestas de Konami. Un juego que estaba llamado a ser la punta de lanza de su compañía. Sparkster nació con el propósito de ser la imagen de marca de la compañía nipona. Con dos entregas en Mega Drive y otra en SNES, Rocket Knight Adventures supuso un original plataformas, en el que los cerdos, el espíritu medieval y los mechas se daban la mano (o más bien, la cola). Desgraciadamente, uno de nuestros roedores favoritos no pudo sobrevivir a esa época, dejándonos para el recuerdo sus tres aventuras.
Si Konami fuese una madre, tendríamos que decir, sin duda, que en la era 16 bits forjó una familia numerosa. Proyectos surgidos de la ilusión y las ganas de divertir, de la pasión por las cosas bien hechas. Quedan muchos juegos en el tintero, como Sunset Riders o Lethal Enforcers, pero es de justicia hacer un homenaje a una compañía que ha salpicado el océano de pequeñas olas, pequeños y efímeros paraísos jugables que a veces se diluyen en la infinitud del mar y, en otras ocasiones, crean la tormenta perfecta.

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