Querer a un asesino

El Viaje de Chihiro es una de esas películas que uno tiene que ver un mínimo de tres veces para poder captar todos los detalles y maravillarse de la sutileza con la que el Estudio Ghibli es capaz de disfrazar una lección de principios. Cada una de sus producciones encierra un mensaje que el espectador tiene que tratar de discernir como buenamente pueda. Y es que no siempre se consigue profundizar o entender del todo cualquiera de las cintas de la productora nipona. Personalmente aún no estoy del todo seguro de qué representaba el carismático Sin-Cara, pero supongo que algún día volveré a ver la película y daré con la tecla.
La película tiene momentos mágicos, algunas escenas inolvidables (aquel travelling entre las flores) pero sobre todo tiene una frase lapidaria que sale de la boca del personaje con más maña de toda la película, es decir, Kamajii. Para el que no lo recuerde, Kamajii era el tipo achatado y bigotudo que se consideraba a si mismo como el esclavo de las calderas que calientan los baños del balneario donde se desarrolla la mayor parte de la historia. Sus intervenciones son pocas, pero hay una que seguro se quedó clavada en el corazón de muchos. No deja de ser una cursilada petulante muy típica, pero con el debido procesado cerebral (es decir, 2 minutos pensando), pueden obtenerse increíbles conclusiones. Con la profunda voz que sólo sabe poner Pepe Mediavilla, Kamajii dice: “No se puede vencer al poder del amor”.

La frase en cuestión requiere de un correcto destilado para sacarle todo el jugo y quedarse con una idea refinada que puede resultar útil a la hora de comprender mejor el mundo. Primero hay que arrancarle las piruletas de corazones que tiene incrustadas en su superficie, para luego proceder con martillo y cincel picando la gruesa capa de azúcar aglutinado. Una vez retirada la dulce corteza nos encontramos con el espeso manto de merengue. Empalagoso a más no poder, es recomendable removerlo con una buena excavadora (una bagger 288 a ser posible) y tirarlo a un pozo de lava. El núcleo exterior de caramelo queda expuesto en toda su densidad. Para retirarlo es recomendable el uso de una aspiradora industrial lo suficientemente potente que facilite la limpieza del núcleo interior, es decir, el amor.
El Núcleo, es una de esas películas que marcan un antes y un después en la historia del cine. Su genial puesta en escena y sobre todo su impecable asesoría científica lograron tejer un film de proporciones épicas que encandiló a las masas y sobre todo a la NASA (al igual que Armageddon). El argumento central de la película se basaba en que un grupo de intrépidos “terranautas” ha de dirigirse al interior del planeta para hacer que el núcleo terrestre gire de nuevo mediante el uso de unas bombas nucleares estratégicamente colocadas. Si el núcleo deja de girar, la Tierra perdería su capa protectora y nuestro querido planeta se calcinaría por culpa del sol.
Si se hace uso de la útil herramienta de enlazar o juntar ideas y lo aplicamos a El Viaje de Chihiro y a El Núcleo, se puede deducir que el mundo se mueve por amor. Una idea de nuevo cursi y descabellada pero que a fin de cuentas tiene más de verdad que cualquiera de esos programas absurdos del “corazón”. Y es que por amor se han hecho y se hacen cosas sin sentido y descabelladas, cosas que sin el amor por el medio serían impensables e incluso vergonzosas. Pero el amor es como una especie de inhibidor de vergüenza o (a veces) de principios que hace posible cosas como dar serenatas guitarra en mano bajo un balcón o pedir la mano del ser querido en medio de miles de personas. A otros les funciona como catapulta a esforzarse al máximo o como una excusa para trabajar dando lo máximo que se pueda. También sirve como excusa para que una raza alienígena no nos vaporice.

Por amor se hacen y se deshacen entuertos, se escriben y cuentan historias, se trabaja, se come, se juega, se hacen esfuerzos, se lee, se ahorra y se perdona. Casi todo en el fondo se hace por amor, bien sea queriendo a una persona, un arte, una ciencia o al poderoso caballero Don Dinero (muy mal amante). El amor también nos toca a nosotros los jugadores, que a pesar de seguir teniendo la lacra del frikismo, en el fondo somos todo corazón. Unos juegan por la avidez de una historia que le haga pensar, otros por el gusto de enfrentarse a un rival ya esté a su lado o a 2000 kilómetros y algunos juegan por el placer de desconectar la mente de las preocupaciones diarias.
Un servidor escribe estas líneas por el amor que procesa hacia un medio de expresión como es el videojuego. De una manera diferente al modo que tiene el cine o la literatura de contar historias, hay videojuegos que llevan al jugador (y por extensión al personaje) por la tortuosa senda de la línea argumental que puede poner en tela de juicio los principios morales del que sujeta el mando. Es en las situaciones extremas donde la verdadera naturaleza del ser humano sale a la luz, donde se puede ser bueno o malo, pero, ¿Se puede ser bueno matando y malo queriendo? ¿Se puede querer a un asesino?
Como se decía en Minority Report, “no hay nada más dañino para el tejido metafísico que un asesinato“. El quitar la vida a otro ser humano es el acto más deleznable que existe y nunca debe de ser justificado. A pesar de esto, se puede llegar a querer a un asesino, a una persona que le ha quitado la vida a otra por los motivos que sea y mediante métodos poco éticos. El ser humano es así de paradójico, capaz de mandar un cacharro a los confines del sistema Solar y que siga funcionando, y capaz de conceder el premio Nobel de la Paz a un presidente que así por las buenas declara “guerras humanitarias”.
Un perfecto ejemplo de esta “paradoja amor-muerte” es el ya fallecido Comandante
Richard D. Winters, quien durante la Segunda Guerra Mundial comandó la Compañía Easy, 2º Batallón, del 506º Regimiento de Infantería de Paracaidistas. A muchos les sonará por ser el protagonista de gran serie Hermanos de Sangre, donde se cuentan las andanzas y malos momentos de dicha compañía. A lo largo de los capítulos vemos como el Comandante Winters da buena cuenta de todo nazi que se le ponga en medio. Nazis que son personas humanas como él, son sus preocupaciones, temores, gustos y con una familia esperándolo en casa. Pero la guerra acabó y el Comandante Winters volvió a casa, se casó y tuvo 2 hijos. Formó una familia en la que todos sabían que el cabeza de familia había matado a tiros a otras personas, pero aún así lo querían.
Curiosamente, Hermanos de sangre está frágilmente relacionada con el mundo de los videojuegos y además viene de perlas para el tema que se trata en estas líneas. Concretamente, el Comandante Winters y Ezio Auditore comparten la misma voz, para ser precisos la de Luis Reina, un habitual en el mundillo del doblaje de videojuegos. Pero Ezio es un ejemplo introductorio para nosotros los jugadores. Muchos le tenemos cariño al personaje, la vida no le ha tratado nada bien y encima de todo ahora está mayor y le pueden dar un flechazo a la primera de cambio. Su condición de maestro de la Hermandad de los Asesinos hace que los guardias no lo tengan muy bien visto y opten por intentar descuageringarlo, a lo que Ezio responde intentando pasar desapercibido. Cuando no lo consigue tiene que pasar por la hoja oculta a todo soldado que se tercie. Ezio mata a gente, a soldados, y sin embargo seguro que está en el top 10 de personajes favoritos de más de un jugador.

Otro famoso personaje de videojuegos al que se le podría poner el título de Asesino en Serie es nada más y nada menos que el carismático Nathan Drake. El protagonista de la genial saga Uncharted puede que tenga sus manos permanentemente sumergidas en un barreño de sangre, ya que bien con sus manos o haciendo uso de cualquier arma u objeto arrojadizo, pasa por la picota a todo el que se le ponga por delante, bien sea pirata o miembro de una organización paramilitar (los bichos no cuentan). Piratas o mercenarios son personas al fin y al cabo, que quizás están ahí por una equivocación o porque tienen que mandar dinero a casa como sea, hasta que llega el cazafortunas en cuestión y hay que emprenderla a tiros sí o sí. Desgraciadamente la vida del mercenario/pirata es muy perra y al final siempre se acaba criando malvas. Pero al menos hubo alguien que tuvo la entereza de decirle a Nathan Drake lo que era, un asesino. No fue otro que el siniestro y acongojante Lazarevic, el malo malísimo de la segunda entrega de la saga, que le espetó entre ceja y ceja que no eran tan distintos cuando le preguntó, ¿A cuántos hombres ha matado hoy señor Drake? Esto provoca que el jugador se quede con un algo en la cabeza, pensando que quizás el odioso de Lazarevic no esté tan equivocado.
De otro modo, hay personajes de videojuegos que tienen una familia que, directa o indirectamente sabe que su padre/madre tiene que segar la vida de la gente para lograr sus objetivos, bien sea salvar el mundo o conseguir sacar las manchas de grasa. Sam Fisher es el perfecto ejemplo de padre modelo, atento con su familia y que quiere a su hija más que a nada en el mundo. Durante el desarrollo de la saga Splinter Cell, se intuye que su hija Sarah, sabe lo que su padre hace y lo apoya totalmente. Sí, su padre es un asesino, pero a pesar de todo pone un plato de comida en la mesa y tiene las mejores gafas para ir al baño de noche. Ya en la última entrega de la saga, se demuestra que Sam Fisher es el padre del año, y si para serlo es necesario marcar y ejecutar, ahí está él para conseguirlo.

Lara Croft tampoco se queda atrás, a pesar de que también se las tiene que ver con animales de la más diversa índole, no le hace ascos coser a tiros al primer hombre armado que se le cruce en el camino. Pese a todo, muchos jugadores la tienen encumbrada como la heroína suprema del mundo videojueguil, cuando a fin de cuentas es una asesina, como muchos otros personajes del gremio. Nico Bellic, Cole McGrath, los chicos de la Bad Company, John Marston, el comandante Shepard etc. Todos ellos matan a gente en sus respectivos videojuegos pero muchos jugadores les tienen cariño.
Menos mal que los videojuegos son sólo eso, videojuegos. Sus personajes no son más que fantasmas digitales con su carisma y su personalidad, y gracias a ellos muchos hemos pasado grandes momentos y nos han llevado por los rincones más oscuros de la mente para hacernos pensar algo más de la cuenta. Pero esto no se limita sólo al mundo del videojuego, ya que tanto en el cine, literatura, cómic y diversos medios de expresión, siempre habrá personajes que nos lleven a estos extraños pensamientos.
Ser un héroe es duro. Hay que soportar hordas de enemigos, caídas, tiros, perdidas de seres queridos, armas encasquilladas, algún que otro tanque y/o bicho gigante. Pero ser un enemigo estándar es más complicado, es por eso que siempre que pienso en este tema, la línea de pensamiento siempre acaba en el mismo sitio, recordando al esbirro del ejército privado del Doctor Maligno que murió vilmente aplastado por una apisonadora que conducía el histriónico Austin Powers.

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