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Las partidas guardadas

Después de cierta pérdida irrecuperable de un artículo ya redactado y listo para ser publicado en PixFans, me ha venido a la cabeza otra pérdida de datos que sería más dolorosa, debido a la cantidad de horas y esfuerzo que se le ha dedicado. Me refiero a ese trofeo que todo videojugador guarda como oro en paño y no quiere perder bajo ninguna circunstancia: las partidas guardadas de los videojuegos.

Si ya duele perder el trabajo de unas horas, imaginaros perder todos tus logros y partidas perfectas guardadas en tarjetas de memoria, en el propio cartucho del videojuego, en el disco duro de la videoconsola… Pierdes una parte de tu vida.

Guardas celosamente toda tu vida videojueguil, sin tener una copia de seguridad (antaño porque no era posible y actualmente por vagancia, celosía o porque te gusta vivir al límite), de tus partidas perfectas, de logros que cuando recuerdas te parecen imposibles de volver a asumir, y de repente, de un día para otro, ya no están. Le puede pasar a cualquiera, pero ese cualquiera no quieres ser tú.

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Las típicas excusas al perder

Los que gustamos de los videojuegos tenemos muchos vicios y manías mientras jugamos. Entre todas las que se nos puedan ocurrir, la que creo que es la más recurrente y que todos tenemos o hemos sufrido es la de no saber perder (y posiblemente sea también de las más negadas). Hay que reconocerlo, en los videojuegos las clásicas frases de “lo importante es participar” y similares no tienen cabida, lo que importa es ser el mejor. Los videojuegos son para ganar siempre, aplastar al rival y si se es muy superior, intentar humillarlo. Y así es como más se disfrutan.

excusas_perdedores

Hace unos años, cuando no se había prodigado el multiplayer online, no tenías más remedio que quedar con 4 amigos delante de una televisión y demostrar que eras el mejor. Siempre recordaré los piques con los amigos, las rabietas al perder (incluyendo estampadas de mando contra el suelo), el no querer jugar más, el reírte cuando les ganabas en su cara… aunque a veces eran ellos los que se reían, ya que siempre a uno se le daba mejor un juego que otro.

Cuando ganamos siempre es, por supuesto, por lo buenos que somos, pero cuando nos vencen siempre existe alguna excusa, y los que estaban más acostumbrados a perder que a ganar tenían elaboradísimas coartadas (aunque también bastante absurdas la mayoría). Por esto, he elaborado una lista con algunas de las excusas que más recuerdo repetirse:

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